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Ciencia

La pasión es mundial

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Y sí, ya estamos inmersos en la vorágine del mundial. Las miradas están puestas en el balón, en la cancha, en los equipos y sus estrellas y sobre todo, en el juego, en los resultados de nuestra propia selección y en como ésta pueda ir avanzando en Qatar 2022.
Es que la marcha se detiene, cuando el combinado de ese país juega. Así se vio en cada mundial pasado, y no hay más que recordar lo sucedido en Rusia, durante la última copa en 2018, cuando una encuesta mundial señaló que más de la mitad de la población vio alguna de las transmisiones oficiales. Fueron algo así como 3 mil 572 millones de personas, de acuerdo con datos de la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación), contando las plataformas digitales, espacios públicos o en bares y restaurantes.
Ahora, ¿cómo se comporta el cerebro de un fanático durante el torneo?
Paul Bernhardt, un joven científico conductual en la Universidad Estatal de Georgia, afirma que es un hecho que los atletas experimentan una marea de testosterona, (una hormona asociada no solo a la sexualidad masculina sino a la autoestima), al ganar un juego importante. Pero una hipótesis señalaba que la hinchada podía experimentar un nivel hormonal similar.
Para probar esto, Bernhardt, realizó su estudio en primera instancia con el fútbol americano y luego lo replicó en una final de la copa mundial, la que se jugó en Estados Unidos en 1994, donde Brasil se enfrentaba con Italia. Y para ello, recolectó nada menos que saliva de los seguidores, para evaluar el nivel de testosterona de la hinchada ganadora y de la perdedora. Y así comparar.
El sitio Labrix afirma que la prueba de saliva es una forma fácil y no invasiva de evaluar las necesidades de equilibrio hormonal de sus pacientes, y está demostrando ser el medio más confiable para medir estos niveles.
Al volcar su testeo en el laboratorio, Bernhardt descubrió que los niveles de testosterona reflejados en los fanáticos del equipo que ganó, eran 20% mayores que los niveles de los que perdieron, los italianos.
«Estadísticamente, la correlación es muy fuerte» acota Bernhardt. «Este experimento logró mostrar que la testosterona no necesariamente está únicamente ligada a la fuerza, o a la superioridad. Esta hormona se libera luego de un fuerte estímulo, que en el deporte puede ser un gol, una jugada o una victoria».
Estudios similares desde entonces han confirmado esta relación, mientras que otros sugieren que todo el conjunto de neuroquímicos asociados con el deporte, desde la dopamina, la adrenalina o la oxitocina, se desencadenan en un grado similar tanto en los jugadores como en sus hinchas, durante un juego.
Así que si los investigadores lo afirman, no podremos hacer más que rendirnos a nuestra química y entregarnos a la pasión del mundial, esperando estar dentro del grupo que tenga ese 20% más de hormona, es decir, del equipo ganador.

Ciencia

Nacieron bebés concebidos hace 30 años

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Son muy pequeñitos, pero su nacimiento significa algo muy grande para la ciencia. Es que, a pesar de que llegaron a este mundo hace tan sólo unos días, fueron concebidos en 1992, hace exactamente 3 décadas.
Pero ¿cómo es posible? La respuesta está, una vez más, en los avances en materia de fertilidad y sus técnicas ofrecidas por los especialistas.
Una mujer estadounidense se convirtió en mamá de dos niños, cuyos embriones se habían congelado hacía 30 años. El alumbramiento fue hace tres semanas en Tennessee y, según el Centro Nacional de Donación de Embriones (NEDC, en inglés), se trata de los embriones más antiguos a los que se habría aplicado de forma exitosa esta maniobra.
Recordemos que el récord anterior correspondía a Molly Gibson, una niña nacida en 2020 cuyo embrión había estado congelado durante casi 27 años. La hermana de Molly, Emma, permaneció congelada en etapa embrionaria, algo menos, unos 24 años.
Otro dato curioso en este caso es que la mamá de los gemelos, Rachel Ridgeway, es tan sólo tres años mayor que los embriones, ahora bebés, bautizados como Lydia Ann y Timothy Ronald. Una insólita circunstancia que se debe a que la madre biológica de los bebés era una donante de óvulos de 34 años y su padre tenía 50 cuando los pequeños fueron concebidos.

NEDC/EFE


EL matrimonio receptor, es decir los papás de los bebés, ya tienen otros 4 hijos de 8,6,3 y dos años, que no fueron concebidos por fecundación in vitro o gracias a donantes. Por eso, a pesar de que son mayores que los recién llegados, en realidad, por antigüedad embrionaria, paradójcamente la historia sería «al revés». Aunque todo formará parte de la anécdota familiar. La fertilización invitro, la vitrificación de óvulos, la donación de gametas o de embriones son sólo algunas de las técnicas que permiten a muchas parejas hoy en día, convertirse en papás cuando la naturaleza pone trabas para ello. Por eso la información es fundamental para tomar decisiones, planificar el futuro y alcanzar nuestros sueños.

NEDC/EFE

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